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Lazos de sangre

19 julio, 2011

Nancy Michia

Esa mañana las blancas y transparentes cortinas iluminaron el cuarto de Analía poniendo fin a la interminable noche de lagrimas y sollozos del niño recién nacido de los Galdi, sus vecinos del departamento contiguo, con los llantos que perduraban como un eco en sus oídos,  la joven con  los ojos todavía cerrados se quito  la almohada con la que tapaba sus oídos, se estiró sobre su cama para tomar el celular de su mesa de luz que sonaba para despertarla, al momento le llegaba un mensaje de texto, era su Jefa de redacción de la revista, le decía: “ Hola Analía esperamos tu nota para el cierre, vos siempre nos sacas de apuro, confírmame por favor”.

Meses atrás Analía había aceptado mas por diversión que por oficio,  ser periodista freelance en una revista femenina. Tenía el mundo femenino muy cerca suyo como para escribir sobre lápices labiales y puntos G,  había estudiado diseño de modas, y practicaba danza contemporánea tres veces en la semana.

Pero esa mañana se sentía extenuada y malhumorada, sin haberlo tenido en cuenta,  estaba con su periodo menstrual, uno de esos días en el mes en el que el se hermana el género femenino, ultimamente parecía haberse olvidado de su ciclo, de su tiempo, de su cuerpo.

En un gran esfuerzo, mientras la cama se convertía en su mejor refugio,  cual utero maternal, se sentó poniendo sus  pies en el helado piso que la reanimaba,  desde allí podía ver la cocina desbordada de platos y tazas por lavar y la mesa con su computadora personal.

Se dirigió al baño  un poco de agua fría en su cara quizas aliviarían su modorra y desgano,  preparó su desayuno,  pronto el aroma a café invadió como los llantos de la noche pasada el antiguo departamento de techos altos. Se sentó frente a su computadora,  recogió su pelo sosteniéndolo con sus manos en la cabeza, y  pensó que debía  llamar a Victoria, pero sería mejor escribirle un correo electrónico.

Hola Victoria, recibí tu mensaje, estará la nota para el cierre, te lo enviare por  E mail estoy en un día especial, además pensando  que será la ultima de las notas, necesito un cambio, quizá café de por medio me entenderás. Besos”.

Siguió en su silla dubitativa, intentando resolver sus contradicciones, recordando sus últimas sesiones de diván con su psicoanalista, quien solo le había recomendado decisiones, y más decisiones. De pronto, saltó de la silla como expulsada, venciendo esa  propensión que últimamente la detenía, la atascaba, mientras los ciclos y periodos pasaban  incesantes como los minutos de que marca un reloj despertador o biológico.

Entró de prisa al baño, abrió el grifo de la ducha, se metió debajo sin su acostumbrado gorro de baño,  el agua caía sobre su cabeza cual lluvia de ideas que la bañaban de urgencias.

Salió de la ducha, tomó la toalla secó su pelo y su diminuto cuerpo, a pesar de sus treinta y pocos, su figura parecía de una joven de veinte, tomó de  entre sus ropas  un jeans gastado,  una camisa de algodón a cuadros, se calzo unos zapatos chatos, peinó sus desordenados rulos, puso un poco de  rubor sus blancas mejillas y cruzando su cartera sobre su hombro se dirigió hacia la calle con decisión y audacia, como hermanas que desconocía.

Ya en la puerta del antiguo edificio, se topó con el ruido citadino,  el olor humedecido del cemento y el combustible de los motores tomaban sus narices,  rutinariamente Analía se trasladaba en colectivos, pero estarían atestados de pasajeros tan malhumorados como ella ese día, tiró las monedas dentro de su cartera, y decidió parar un taxi que paró solicito, subió y  le indico al chofer su destino.

Destino, o punto de llegada que ignoraba últimamente, solo sabía que tenía que  iniciar una carrera universitaria y continuarla, se preguntaba ¿por qué no periodismo?

 El vehiculo comenzó a andar en la soleada mañana otoñal,  sentía  la brisa fresca que pegaba en su cara hasta sentir frío, cerró las ventanillas.

Y muy pronto para Analía,  frenó el vehiculo mientras miraba su agenda.

– Colegio nacional, me dijo señorita, aquí es- dijo el taxista.

– Espere!, contesto Analía, girando su cabeza hacia todos lados, Universidad Nacional de Buenos Aires, le dije señor!

– ¡No señorita! No! Colegio Nacional de Buenos Aires me dijo.

-¿Cómo puede ser?, ¡si voy a la universidad! – respondió Analía.

– Señorita, no se a donde va, pero usted me dijo Colegio Nacional de Buenos Aires.

– ¡No, no! La joven  comenzó a ofuscarse ante la contradicción del canoso hombre mayor. Si bien no conozco bien la ciudad, no crea que soy una tarada.

– ¡Discúlpeme! – yo le escuche Colegio Nacional niña.

– Ante la confusión imposible de aclarar, se calmo, interpretando esta situación como un lapsus que debía aceptar.

 – Esta bien, ya no quiero discutir señor  y ¡apúrese y lléveme urgente por favor!

El auto siguió su marcha normal por pocas cuadras, pronto se acercaron al microcentro hasta quedar atascados en un embotellamiento el ambiente se pobló de bocinas, gritos de conductores irritados y sirenas policiales. Ahora ya marchaban a paso de hombre, estaba a50 metrosde la esquina, mientras se podía ver  una densa columna de gente marchando.

– ¿Y ahora que pasa? – pregunto Analía, reaccionando una vez mas.

-Ah! Cierto!- señorita hoy es 24 de marzo, y seguramente que es una marcha,  protesta de esas vio?

-¡No!, es  lo único que me faltaba hoy,   !Me bajo! – dijo Analía- cóbreme hasta aquí, basta por hoy!

-Son veinticinco pesos señorita, disculpe usted, es la primera vez que me pasa de equivocarme así, pero usted tendrá la razón.

– Cóbrese, y escuche mejor a sus pasajeros la próxima!

– ¡Que día, hoy por Dios!, y aguantarme a un pelotudo que no conoce la ciudad, debería haber un día en el mes en que a las mujeres se nos perdonara matar a alguien por emoción violenta.

Resuelta a llegar rápido a su confuso destino, Analía, se propuso atravesar  la columna humana contenida entre empujones y pancartas, intentó adelantarse pero la multitud congregada la encerraba aun mas, los miraba sintiéndose  extraña entre el tumulto, comenzó a serenar su ímpetu en la lentitud de la marcha. Y observó a su alrededor a unos adolescentes vestidos de uniforme escolar, y escuchó “…sigamos a la profe chicos, hagan silencio”. Los miró y vio entre ellos a una joven, de pelo negro largo, tez blanca, ojos verdes, vestía formalmente de pantalón y chaqueta negra.

Analía decidió ponerse a su lado- pensó rápidamente, esta chica, podría ser un tema para una nota femenina, su jefa de redacción sabía de su habilidad para sacar rápidamente un tema femenino. Una profesora y sus alumnos en una marcha,  veremos que hacemos con esto pensó.

– Hola, dijo Analía,  acercándose  tímidamente a la joven profesora,  quien  la miro contestando a su saludo.

–  Perdona, sos docente?- la interrogo sabiéndolo

–  Si , soy docente y estoy con mis alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires

–  Si! eso me llamo la atención, escuche que estaban con su profesora,  contesto Analía.

–    Es verdad, como parte de mi asignatura, decidí comprometerlos a participar de esta marcha en el Día dela Memoria.

–    Me presento, antes de seguir,  nombre es Analía, estoy aquí de casualidad, y el tuyo?

–    Paula, – contesto la joven profesora- mirándola mientras golpeaba con fuerza sus palmas al son de la marcha, soy hija de desaparecidos, contesto mirándola a los ojos,  para después bajar la mirada. 

Quedaron ambas en silencio atentas a lo que sucedía en la columna, y comenzaron a caminar mas lentamente dejando que la compacta multitud se adelantara.

–  Lo siento Paula- contesto Analía- intentando superar el estridente ruido,  debes tener la misma edad mía,  yo tengo 35 años y estoy sólo periodísticamente en este lugar.

 –   Te confieso que me siento rara, pero creo que es  hora de interesarme por   lo que jamás me contaron- contesto Analía, tratando de poner palabras al silencio de Paula.

–  Paula la miraba casi compasiva, escuchando en  los argumentos de Analía, una disculpa que no necesitaba.

–     O quizás me ayudes para mi nota, si no te molesta- le aclaró Analía

–   Estoy acostumbrada a contar mi historia- dijo Paula- su voz denotaba madurez y gran convicción por su dolorosa historia vivida.

–   ¿Y como es la tuya Paula?

–   Yo nací en la ESMA  cuando mi madre estuvo detenida y luego desaparecida, allí nos separaron, y  me entregaron a mis abuelos maternos, ellos me criaron hasta que se murieron.

–   Analía asentía con la cabeza,  mirándola a los ojos.

–  Pero además, hoy  sigo en la lucha y reclamando justicia por mi madre y mí hermana desaparecidas.

–   ¿Una hermana además?

–    Si,  mi hermana gemela

–    ¿Gemela tuya?- pregunto Analía

–   Si, eso creo, por datos y testimonios de compañeras de detención de mi madre he llegado a saber que esperaba mellizas.

–   ¡Ah!- pero como encontrarla creo que lo tuyo es muy difícil Paula

–   !Si, si.. estoy segura que es difícil!. Pero a mi nadie me quita lo que yo siento.

–   Vos sabes lo que se dice de los hermanos  gemelos que actuamos de manera sincronizada, ya es una verdad casi científica.

–   Algo escuche – respondió Analía- entendió desde allí que la mejor respuesta era escuchar a Paula.

–   Contame por favor- le requirió Analía con mucha intriga, ¿cómo y cuando la sentís a tu hermana?

–  Tengo grabado en mi cabeza un llanto, no me lo quito mas! ese llanto! Es un sollozo que me persigue, imagino que es el llanto que escuche cuando nacimos, es lo que une nuestra historia, imagino.

–   Si  Paula.

–  Y otras cosas mas difíciles de explicar, algo mas intimo, vos me podrás entender como mujer. La siento muy cerca todos los meses, pienso mucho en ella hasta llorar a veces toda una noche. Y hoy es un día de esos, es el día de la memoria, y ¡estamos menstruado!

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One Comment leave one →
  1. Jose permalink
    4 agosto, 2011 16:33

    … Saludos Nancy, muy interesante la historia, esta rica de imágenes, tiene algo de misterio y de testimonio, diría que es un documento entre lo histórico y lo ficcional. Me gustó.
    … Diría también que hay un deslizamiento natural en la historia que logras con tu pluma, no hay obstáculos o bien los “saltos” que generas premeditadamente, le incorporan un interés por continuar al lector, es decir, “logras atrapar el lector en la historia”, eso lo hacen los buenos escritores…. lo digo sin ser un especialista… deberías acercarte a los grupos literarios porque ellos quizás puedan ser más agudos o constructivos con sus criticas-miradas sobre el trabajo.
    … Te envío muchos cariños y te felicito por tu trabajo.
    …Besos Jose.

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