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Los sueños no tienen reloj

22 enero, 2010

 El 2001,  llegó como a todos los argentinos, con despojos, quiebres, balas y saqueos. Para ese tiempo, critico e inolvidable, mi madre se había cubierto de deudas, situación que quizás por su edad, y por pertenecer a una generación donde prevalecían como principios el compromiso y la palabra dada. Su situación de deudora incobrable, la tenía angustiada hasta el insomnio.

Es así, que una mañana, con gran desazón y firmeza, me comunica, a mi, su hija, cómplice de situaciones en donde al resto de la familia no debería estar al tanto, la decisión que tomaría para cancelar una parte de su deuda con sus acreedores, ello lo haría mediante el empeño de su precioso reloj pulsera de oro, es de una belleza de las que no se encuentran, y adquirirlas hoy sería un sueño, lo había comprado hacía 50 años, como autoregalo de su egreso.

Es así, que pese a mi oposición y mi advertencia para evitar su decisión, decidió empeñarlo, dejando en él todo su dolor, para posteriormente, perderlo definitivamente, ante la imposibilidad de pagar su rescate.

Desde allí, las nostalgias por el reloj, eran la constante, junto con mis reproches, y única oyente de sus lamentos.

Pasaron, meses, años,  hasta el  día, que llega a la casa cargada de bolsas con sus compras. Y  dice:

 -¡Nancy sabes! lo encontré mi reloj, está en la vidriera de una joyería

– ¿Cómo?- respondí-

– Si- confirmó entusiasmada sonriente con sus ojos verdes, que los abre grandes, cuando se trata de una sorpresa.

– ¿En qué joyería? – respondí. Me dio los datos de la joyería.

Y días después llegué a la vidriera, despacio y con mucha intriga como quien puede esperar ver lo que ella decía, o sólo una materialización de su imaginación. Y, estaba allí, era el reloj de mi madre.

Para mi madre,  pasó un momento  de sólo  contemplarlo detrás del vidrio, como quien imagina al detalle la forma de los sueños, hasta la siguiente ocasión de recorrido por la vidriera, en el que decidió entrar al local comercial, y preguntar su precio. La respuesta de su costo, le hizo saber que era imposible que fuera nuevamente de ella en ese momento.

Razón por la que, decidió por un lapso de tres años, como ritual, o para su tranquilidad, pasar por el negocio, y… sólo lo miraba. _ Esta el reloj, todavía lo tienen- me comentaba. Desde allí, el reloj era su sueño, más no su desvelo. Sabía que era suyo, y tenía la tranquilidad de saber que estaba allí. A pesar de mi pesimismo, de insistir o pensar en que debía olvidarse, creo más se empecino en su deseo de rescatarlo, pero no sabía como, ni cuando.

 Y llegó el 2009, mi madre había logrado cobrar viejas deudas, también este año, junto a su promoción cumplía 50 años de egreso. En los días del mes de diciembre, se encontraban preparando junto a sus compañeros las Bodas de oro, que celebrarían con una gran cena, esto la tenía feliz y motivada como hacía mucho no la veía.

Una tarde mientras tomaba mate, y hablando de los últimos detalles de su vestuario, para la celebración…

_ ¡Tengo una sorpresa!- me dijo mi madre- logró intrigarme y dejarme muda.

_ Se acercó  a mi, con actitud sonriente y burlona, como quien acababa de encontrar un tesoro, abrió su mano para mostrarme, y en ella, el precioso reloj pulsera que brillaba.

 _ Ah!, grite con emoción

_ Hoy lo compré!. _ Era mío, yo sabía que lo iba a rescatar ¡sabía, lo soñé Nancy!

_ No te puedo creer!- respondí- contenta y emocionada. En mi cabeza se sucedían velozmente las imágenes del reloj, atravesado por el vidrio que separa de manera tangible,  lo posible de lo imposible.

Lo había comprado a un alto precio, que solo respondí sonrojada con mi silencio y mi complicidad; las joyas me dan pudor o no las valoro tanto para pagar por ellas. Mientras el corazón me estallaba en la garganta, sin poder hablar, festejé el rescate de su sueño y su confianza en momentos en que daba lo perdido por perdido. Y dije, es el momento perfecto, la hora perfecta para la vuelta de del reloj. Mi madre lució su joya, nuevamente como hace cincuenta años, la noche del festejo de sus Bodas de oro de egreso.

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4 comentarios leave one →
  1. Camaché permalink
    22 enero, 2010 22:30

    Así mismo, nosotros empeñamos nuestros sueños porque la necesidad nos obliga. Entonces pasan los años y cuando creemos nuestros sueños en el olvido, los vemos en una vitrina de tras de “el vidrio que separa de manera tangible, lo posible de lo imposible”… y es entonces cuando no sólo soñamos con nuestro sueño, si no que también soñamos, muy a nuestro pesar, con que vuelva a ser nuestro.
    Bellísima metáfora la que te has hecho. los sueños son de oro, y marcan nuestro tiempo.

    Genial!
    Un Saludo 😀

  2. Nancy Michia permalink*
    24 enero, 2010 1:14

    Gracias Camaché. Aprendí que los sueños tienen su propio tiempo, ese es el mejor de los milagros. Saludos

  3. Jose Mussi permalink
    25 enero, 2010 2:20

    me imagino la alegria de tu madre y la emocion de tu parte, parece una pelicula, es un muy buen guión, como para ponerle escenas cortas,primeros planos, escenas, etc. con musica de fondo y tu voz en off que ralata.
    pero… es real o es un cuento?, por lo pronto ya te digo que es una bella narracion, un beso ruidoso para vos querida Nancy. Jose

  4. 1 agosto, 2010 0:17

    hola mi nombre es lidia michia soy de tres arroyos naci en oriente y mi abuelo era don secundino miguel michia de santiago delestero me gustaria contactarme con vos mi casilla es lidiamichia@yahoo.com

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