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Lágrimas robadas

1 marzo, 2009

En esos días de diciembre, habíamos arribado a esa terminal que recorría todas las semanas,   era un viaje más; podía ver y escuchar a la multitud bulliciosa que esperaba ansiosa el arribo del inmenso colectivo de dos pisos en esa calurosa siesta.

_ ¡Que sofocación!, se había apagado el aire acondicionado, ahora el confortable ambiente era invadido por el calor del cemento y el penetrante olor a combustible.

 Los  vendedores ambulantes,  ingresaban al colectivo  ávidos para vender sus variados y tentadores productos de acuerdo a mi estado de ánimo, o al agobiante calor que sintiera.

Esta vez, los escuchaba sin mirar; ya podía reconocer sus voces aún con mis ojos cerrados en mi dificultoso afán  de dormir una siesta.

_ “Gaseosa, agua mineral?,  gaseosa, agua mineral?…,  rosquetes? , va querer roquetes?”.

_  Sólo pensaba en el momento en que de nuevo se pusiera  en marcha nuevamente este colectivo para continuar mi largo viaje.

Pero, al momento de mirar por la ventanilla en mi bostezo  y desgano, veo  a una joven mujer frente a mi ventanilla. Mi ubicación me permitía observarla al detalle, su cara dulce la enmarcaba sus largos y oscuros cabellos,  los  llevaba  recogidos,  vestía un jean azul y remera a rayas, su tez trigueña, y manchada por los rastros de la maternidad le agregaban unos diez años, en uno de sus brazos sostenía a un niño. Estaba allí, despedía a alguien,  hasta que de pronto…. veo su  morena cara, cubrirse de lágrimas e iluminarse aún mas por el sol,  cuando su rostro se inundó de lágrimas que no podía contener,  sacó del bolsillo trasero de su  pantalón  un pañuelo de papel tisú,  se secaba y sonreía, meneando y saludando con su brazo derecho.

No podía  ver a quien despedía, la seguí observando atentamente;  por instantes giraba con ira en un impulso de ocultar su llanto. Al ver su dolor manifestado en su cuerpo, se humedecieron mis ojos.

_ Es a su esposo a quien despide, es a  él -pensé.

El tiempo parecía interminable, sus ojos ya inflamados por sus lágrimas, mientras ella seguía allí, con su niño en brazos.  Y en un paradojal de intento de desprenderme de la angustia que me había embargado, decidí tomarle una foto, pero- pensé-… sin que ella pudiera verme? además,  mi actitud de fotógrafa novata, podría provocar extrañeza, no me gustaría  ser advertida por el resto de los pasajeros. Aprendí que es todo un oficio compartir un largo viaje en ómnibus,  hay normas de comportamiento que hay que practicar, entre ellas: parecer una más, no llamar la atención, mantener la discreción.

Todo ello pesaba, al mismo tiempo, que persistía en mi intensión de captar ese momento con mi cámara fotográfica, la busqué dentro de mi gran bolso que había colocado en el asiento del acompañante, saqué, encendí,  enmarqué el momento en que ella sacaba su rostro  y apreté el disparador.

 El colectivo se puso en marcha para partir. Ya está!, – la había captado.

 Pero, y  ahora? – pensé en ella- ,  que se quedo allí solitaria, sentí  una extraña y  fea sensación,  de haber  robado algo…una angustia ajena, pues no tengo esposo.

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2 comentarios leave one →
  1. 21 marzo, 2009 2:34

    Profe esta muy bueno el relato, me parecio o estoy equivocado es una espariencia que tuvo durente los viajes a sumampa. Lo copie para que lo vean los compañeros y luego nos cuente mas. Nos vemos.

  2. Nancy Michia permalink*
    21 marzo, 2009 17:00

    Gracias Javier por tu comentario. Es así, en mis viajes a Sumampa a veces suceden cosas que me inspiran a relatarlas.

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